El Santuario Ōsaki Ebisu (大前恵比寿神社), situado en la ciudad de Mōka, en la prefectura japonesa de Tochigi, ha celebrado este 17 de diciembre el tradicional susu-harai, un rito de fin de año vinculado a la purificación y a la preparación para la llegada del nuevo año.
El ritual se ha llevado a cabo en la gigantesca estatua de Ebisu que alberga el santuario, una figura de unos 20 metros de altura que destaca por su tamaño y por su carácter simbólico. Durante la ceremonia, los participantes han procedido a retirar el polvo y la suciedad acumulados a lo largo del año, siguiendo una práctica que se repite anualmente en estas fechas.
El susu-harai forma parte de las tradiciones de final de año en Japón y se realiza habitualmente en templos, santuarios y edificios tradicionales o históricos, donde adquiere un significado que va más allá de la simple limpieza material. En este contexto, el ritual representa la voluntad de cerrar el año en un estado de renovación y recibir el nuevo ciclo con el entorno purificado.
La celebración en el santuario Ōsaki Ebisu vuelve a poner de relieve la vigencia de estas costumbres estacionales en Japón, especialmente en espacios de fuerte valor cultural y religioso.